Pluma Invitada

LA JACETANIA, por Chema Martinez

Vista de la Peña Oroel desde Barós

El visitante que busca encontrarse con la naturaleza en la Jacetania encontrará un territorio cargado de paisajes en los que la geología, el clima y la cultura han dejado su mella generando un territorio cargado de personalidad. Con toda seguridad todo aquel que decida embarcarse en descubrir su esencia, hallará un espacio con el que identificarse.

Hablar de la Jacetania es hablar de la comarca más noroccidental de provincia de Huesca, limitando al oeste con Navarra y al norte con Francia es una de las cuatro comarcas pirenaicas junto con Alto Gállego, Sobrarbe y Ribagorza. Administrativamente se ubica en las provincias de Huesca y de Zaragoza. Está constituida por 20 término municipales entre los que se encuentra el de Jaca, la localidad más grande, que aglutina los principales servicios del territorio.

Geográficamente la Jacetania quedaría englobada entre los interfluvios de los ríos Veral, al oeste, y Gállego ya en la vecina comarca del Algo Gállego. Al igual que en las otras cuatro comarcas pirenaicas, no es posible hablar de la Jacetania sin mencionar la frontera natural del Pirineo. Nos encontramos en la zona de transición entre el sector occidental y central de la cordillera pirenaica. Como sabéis el Pirineo nace y muere en el mar. Según se avanza desde el océano atlántico hacia el mar mediterráneo la cordillera comienza a ganar altura poco a poco hasta alcanzar las grandes cimas de los plutones graníticos de las Maladetas, en la Ribagorza. Es aquí, en la Jacetania, en dónde aparecen después del Ory en Navarra las primeras cimas que superan los 2000 m de altitud; ya en la cuenca del río Aragón, las cimas de las llegan a superar los 2500 m (2667 m del pico Bisaurín o los 2886 m de Collarada) mientras que en el valle de Tena se superan los 3000 m.

Esta zona occidental no escapa de la complejidad propia que supone haber sufrido a lo largo del tiempo dos orogenias que arrugaron la corteza formando una serie de alineaciones montañosas y depresiones en dirección ENE – OSO. La coexistencia de los ciclos hercínico y alpino quedan de manifiesto en el territorio. Un eje axial, paleozoico, formado por el plegamiento hercínico con presencia de sedimentos silúricos, devónicos, carboníferos y pérmicos, al que se adosa al norte y al sur las llamadas Sierras Interiores fruto de la posterior orogenia alpina, constituida por un conjunto de alineaciones de materiales que van desde el cretácico superior hasta el eoceno.

Los materiales más antiguos, los paleozoicos, reaparecen en la Jacetania en Oza después de haberse “perdido” en Roncesvalles y continúan por el Ibón de Estanés, Candanchú, Canal Roya, Formigal y Panticosa. Estos materiales comparten presencia con los más modernos, las calizas del eoceno inferior que forman la cresta de las Sierras Interiores que discurre desde Ezcaurri hasta Tendeñera, pasando por Alanos, Bisaurin, Bernera, Aspe, Collarada y Tendeñera.

Al sur, entre la Depresión Media y las Sierras Interiores, aparece el flysch. Forma en esta banda de extensión este-oeste un conjunto de sierras con perfiles redondeados cubiertos de vegetación. El flysch se formó por la deposición de materiales provenientes de la sedimentación pirenaica fruto de la orogenia alpina. Se trata de depósitos turbidíticos que rellenaron la fosa marina que existía. Estos materiales se depositaron en diferentes ritmos. En cada secuencia los materiales más groseros lo hicieron más rápidamente que los finos, dando lugar a esa estructura característica de alternancia de margas y areniscas. La Sierra de los Dos Ríos o la Garcipollera están formados por estos materiales. Es un material blando que deja grandes depósitos de bloques rectangulares que forman las gleras de muchos ríos, como el Estarrún.

Si hablamos de su clima, nuevamente debemos recurrir al concepto de transición. Esta región se caracteriza por ser un área de transición entre el clima atlántico y el mediterráneo. De los marcados rasgos de clima de montaña y la alta montaña oceánica que destacan en el extremo más noroccidental por encima de los 1600 m se pasa hacia el este a un clima más mediterráneo. Es una transición que tiene lugar en dos direcciones: norte-sur y este-oeste. De norte a sur la barrera que supone las sierras interiores que deja al norte un clima más húmedo, unido a la pérdida progresiva de altitud, facilita un notable descenso de la pluviosidad. En la segunda dirección, el alejamiento respecto a las masas más frescas y húmedas atlánticas y la sucesión de interfluvios, favorecen el descenso higrométrico de las masas cargadas de humedad. al este del río Aragón y por encima de los 1600 m, la alta montaña oceánica es sustituida por otra idéntica más mediterránea y continentalizada. Por debajo de los 1600 m domina un clima mediterráneo continental que ocupa toda la media montaña, sustituido por el submediterráneo por debajo de los 1000 m. Las temperaturas medias más elevadas son las que se registran en la canal de Berdún (Jaca 11,4ºC) con un progresivo descenso hacia el norte (Hecho 9,4ºC; Canfranc 8,4º C). No se puede pasar por alto por su importancia la presencia de nieve en estas zonas. El manto nivoso se extiende habitualmente entre los meses de noviembre y junio. Es, por la situación de la isoterma de 0º, a partir de los 1600 m donde se crea la reserva de nieve invernal.

* Chema Martinez, biologo y buen amigo, afincado en Jaca gran aficionado a la naturaleza y muy conocedor de la naturaleza

 

 


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